La barricada del miedo y la incertidumbre frente a la pandemia

Raúl Giordano

Carmen Alfaro

“Lo que más miedo me da es que me llegue a faltar la medicación”, asegura Raúl Giornardo. A Guiordanio le diagnosticaron esquizofrenia paranoide cuando tan solo tenia 20 años. Esta pandemia mundial, causada por el coronavirus va a provocar una gran crisis económica. Le aterra el pensar que las farmacias pueden llegar a sufrir un desabastecimiento. Raúl tuvo la última crisis en el año 2008, “era consciente de la crisis que estaba viviendo, sabia que algo iba mal en mi cabeza. Tenia manías persecutorias, pensaba que me perseguían y me querían envenenar. No sabes distinguir la ficción de la realidad”. Un episodio que duró más de quince días. 

Desde el pasado 14 de marzo, España se encuentra en Estado de alarma y lo que eso conlleva, el confinamiento de la población en su casa. Esta pandemia ha provocado que todos los ciudadanos pierdan algo: hay personas que temen por su trabajo, otras lloran la pérdida de un ser querido y todos padecen angustia y miedo debido a la expansión del Covid-19. Este virus enfrenta a la ciudadania a una situación desconocida y de incertidumbre, algo que provoca que el pánico se desate en la sociedad. 

Ester Manjón, psicóloga en Málaga, asegura que “el ser humano en general es muy fuerte por naturaleza:se adapta muy bien y de forma rápida a diferentes situaciones . Lo complicado viene cuando llegue esa <<vuelta a la normalidad>>, la gente se relaje y sea cuando aflore ese miedo y angustia. Será entonces cuando aparezca la ansiedad y depresión en algunos casos”. 

Manjón asegura no haber notado notado un aumento de los pacientes que llegan a su consulta —eso sí, virtual— durante los meses de confinamiento. Pero esta tónica está cambiando en la última semana. “He tenido un pico en niños de 9 a 15 años”, explica la psicóloga, que añade que detrás de ese incremento de demanda hay muchos padres alarmados por el mal comportamiento de sus hijos. 

MARINA 14 AÑOS DE EDAD PADECE TDH COMBINADO Y ANSIEDAD ANTICIPATORIA

Marina es una niña de 14 años, sufre TDH combinado y una ansiedad anticipada. Los pequeños que sufren esta patología son muy cuadriculados y si los sacas de su rutina se desestabilizan más. “Es muy duro convivir con ella”, dice su padre Javier. 

La adolescente se adaptó bien al confinamiento en los primeros días en casa. Su padre, Javier, le explicó que no se podía salir a la calle debido al coronavirus. Ella lo entendió y a pesar de tener un certificado médico que le permite salir unos minutos al día dejó de hacerlo porque no estaban sus amigos en la calle. Algo en lo que coincide la psicóloga cordobesa Beatriz Lopez: “los niños quieren salir a la calle porque juegan con sus amigos, pero si estos no están ellos no quieren salir. Pero no dejan de ser niños y necesitan salir a la calle y después de tantas semanas en casa ya empiezan a perderla y comienzan aflorar esos síntomas en niños con algún tipo de trastorno mental”. 

Marina con su hermano y su padre Javier

“Mi hija lleva unas semanas muy nerviosa y se arranca las uñas de los pies”, explica el padre. “Son muchas semanas ya en casa y eso se nota. El pasado Lunes Santo tenia cita con su psiquiatra, pero debido a las circunstancias en las que nos encontramos la cancelaron. La tienen que volver a estudiar y mandarle un tratamiento, pero no sabemos cuándo sucederá”, apunta el padre. 

“La psicología y trastornos mentales en general es algo muy abandonado. En las consultas privadas ofrecemos muchas a la pública que esta no es capaz de realizar por falta de tiempo —aclara la psicóloga López— yo para diagnosticar a un paciente le dedico una hora y media mínimo, algo que en la seguridad social no puede hacer frente con sus pacientes por falta de tiempo”. 

Algo que cobra importancia segundo los datos publicados en 2011 de la Asociación Española de Neuropsiquiatría (AEN) y la Sociedad Española Psiquiatría (SEP) aseguran que el promedio de sanitarios en l sanidad pública se encuentra en 2,19 psicólogos clínicos o 1,96 enfermeros especializados. Esto se traduce en problemas de asistencia sanitaria y en largas colas de espera para obtener una cita en el sistema público.

EL SEXO EN TIEMPOS DE TRINCHERAS

La pandemia provocada por el covid-19 ha cambiado la vida y costumbres de la población. Para empezar, ha obligado a todos los ciudadanos a estar confinados de modo riguroso durante varias semanas seguidas en sus casas. Los están poniendo a prueba en muchos sentidos de su vida diaria: están aprendiendo a teletrabjar desde casa con los niños correteando por el alrededor y también hacer un ejercicio de convivencia entre parejas. Pero no todo el mundo aunque tenga un compañero o compañera de vida están pasando el confinamiento juntos. Por lo que la forma de mantener sexo se ha visto influenciada.

Este es el caso de la pareja formada por Manuela y su novia Bruna, ambas de 19 años. la primera es de Andalucía y la segunda de Extremadura. Sus nombres son ficticios. Piden no revelar su verdadera identidad por rubor.

«Nos masturbamos mientras que nos intercambiamos fotos desnudas. También nos mandamos mensajes y notas de voz subidas de tono»

Pese a la distancia que les separa se ven con mucha frecuencia. Algo que ha cambiado con el coronavirus. «Nunca hemos estado sin vernos más de quince días, y llevamos ya casi dos meses separadas», explica la andaluza. «La última vez que tuvimos un encuentro sexual fue una semana antes del Estado de alarma», confiesa. «La echo mucho de menos», advierte ella. Pero ni los más de 250 kilómetros que les separa les están privando de seguir disfrutando del sexo. «Nos masturbamos mientras que nos intercambiamos fotos desnudas. También nos mandamos mensajes y notas de voz subidas de tono», detalla.

Cristina Paredes

Como Manuela y Bruna, son muchas las parejas que dan rienda a sus apetencias sexuales aprovechando la interactividad que ofrece internet. Lo sabe bien la sexóloga malagueña Arola Poch, que valora positivamente este tipo de alternativas. «Sexting si, pero con precaución», puntualiza la experta. «Siempre que se evite mostrar la cara y ambas partes se sientan cómodas, es una buena forma de practicar sexo en la distancia y ayudar a estrechar el vínculo con la pareja», detalla.

«Siempre que se practique una actividad sexual se tiene que disfrutar»

«Siempre que se practique una actividad sexual se tiene que disfrutar –asegura Poch– El sexting es una buena forma, pero de lo contrario: alguien en la pareja no se siente cómodo no se debe realizar la práctica».

«No tenemos sexo por videollamada, una vez lo intentamos pero no salió bien. Yo soy más tímida para estas cosas» –aclara Marcela– Marcela y Álvaro llevan casi dos años de relación. La última vez que mantuvieron una actividad erótica fue el día que el presidente del Gobierno decretó el Estado de alarma, desde entonces no se han visto.

La sexóloga insite en el papel fundamental que juega en estos casos la confianza. Entre la pareja debe de existir comunicación y seguridad para que la práctica de actividades eróticas a través de distintos dispositivos móviles fluya. «Hay que ejercerla con responsabilidad, por ejemplo: siempre sin mostrar tu identidad. Si lo vas hacer y después te vas a preocupar, mejor no hacerlo»

Es un bien momento para masturbarse, explorarse y autoconocerse

También los hay quien no tienen pareja o prefieren masturbarse. El confinamiento ha disparado las ventas de juguetes eróticos. Uno de los juguetes preferidos por la población ha sido el succionador de clítoris.

El MyHixel tiene sensores electrónicos en su interior. Foto Fernando Ruso

Marcela tiene 22 años. Semanas previas al confinamiento comenzó a conocer a un chico, pero aun no tiene la confianza suficiente para mantener relaciones sexuales a través de una pantalla o intercambiar mensajes de un alto contenido erótico. Este chico le regaló un satisfyer para usarlo en pareja, algo que le ha venido muy bien para estas semanas, asegura. «Prefiero tocarme y jugar con el satisyer mientras me monto una película en mi cabeza, no necesito ver contenido erótico para disfrutar y correrme», asegura Manuela, aunque también reconoce que echa mucho de menos al chico que estaba empezando a conocer, Andrés.

Una situación la que ya le queda poco, ya que la vuelta la <<nueva normalidad>> está cada vez más cerca. El Gobierno ya ha iniciado un plan de desescalada para esa vuelta a la normalidad que está prevista en cuatro fases.

LA VUELTA A LA NUEVA REALIDAD

La población comienza a salir a la calle después de más de 40 días confinados en sus casas. La sociedad durante este tiempo ha aprendido a extremar las medidas de higiene para combatir al Covid-19 y así superar esta crisis sanitaria.

Durante este tiempo el estrés, el miedo y la sensación de peligro se ha apoderado de los ciudadanos que han tenido que incluir nuevos hábitos en su rutina y por consecuencia también han tenido que cambiar los hábitos sociales para evitar ser contagiados por el virus. 

La psicóloga Beatriz López asegura que “la sociedad simplemente por el miedo de contraer el virus van a tomar las precauciones y medidas de seguridad de forma inconsciente, aunque siempre habrá excepciones”. También va a cambiar la forma de interrelacionarnos y de saludarnos. Se va a utilizar más la comunicación verbal: aprender a decirle a la otra persona que la echas de menos sin necesidad de darle un abrazo. Algo en lo que coincide la socióloga Dunia Alonso: “las mujeres en el ámbito laboral nos vendrá muy bien, porque a veces cuando vas a saludar a un hombre no sabes muy bien si darle la mano o dos besos y al final le das los dos besos y la mano”, explica entre risas.

Esta confinamiento real que ha vivido la población se puede trasladar con un confinamiento en la ficción y la vuelta a esa vuelta a la <<nueva normalidad>>. Eso se puede observar el la película `La trinchera infinita´.

Esta película narra la historia de quienes el caos, la confusión y el miedo  llamó a la puerta sin previo aviso. Es la explicación de todos aquellos que vivieron un conflicto bélico y como consecuencia tuvieron que refugiarse de la muerte escondidos en sus casas, con la ayuda de sus familiares que eran quienes le suministraba la comida y lo esencial para poder sobrevivir. 

Esta es la historia de los topos de la Guerra Civil, en la cual no solo sufrieron y murieron soldados, sino también hubo víctimas colaterales que acabaron con sus vidas y sus sueños por dedicarse en cuerpo y alma en mantener vivos a quién se escondía en el desván de la casa o en un zulo. Como fue el caso de Rosa, la mujer de Higinio, tuvo que paralizar su vida para cuidar a su marido. Un conflicto que se vuelve avivar por la crisis política que está atravesando el país. La resurrección de partidos políticos extremos de una ideología están enfrentados y como consecuencia la sociedad esta muy  polarizada y cada vez más agitada.

Entre ambos confinamientos existe una distinción que los hace que la vuelta a la “normalidad” sea distinta. La reclusión que la sociedad ha vivido (hace escasos unos meses) no es una guerra en la que se haya dejado de pegar tiros y en la que la gente pueda salir a la calle con la tranquilidad que supone que nadie te va a disparar. La población sigue en alerta, ya que el enemigo sigue deambulando por las calles del país y nadie está exento de ser contagiado y caer enfermo. Los ciudadanos vuelve a recuperar su “normalidad” con miedo. La manera de saludar a familiares y amigos ha cambiado, el Gobierno aconseja mantener la distancia de seguridad de 2 metros, pero a hay algunos que después de estar sin ver más de dos meses a sus seres queridos se les hace imposible no lanzarse a darles un abrazo o un beso, pero con mascarilla. La nueva normalidad es ver a la gente cómo se esconde detrás de una mascarilla, lo raro es ver aquellos ciudadanos que aun no la utilizan. La situación en los bares no ha cambiado mucho, la gente sigue disfrutando de una cerveza o una copa de vino en una terraza, aunque eso sí, algunos lo hacen con una pantalla trasparente a modo de mascarilla, algo que no les impide que puedan disfrutar de un vermut. 

El actor malagueño, Antonio De la Torre, a lo largo de su experiencia profesional ha protagonizado varios papeles donde el protagonista ha tenido que sufrir un confinamiento por diversos motivos. Recuerda, que la mayor experiencia la tuvo en la película de `La noche de 12 años´, donde contó con el testimonio en primera persona de los rehenes que lo habían sufrido.

Imagen y sonido de Cristina Paredes

«Qué lejos estábamos de adivinar que el horror estaba viniendo otra vez», sentencia el actor.